El Autor

Era tarde, más de lo que le gustaba admitir sabiendo las pocas horas de sueño que le quedaban. Rezaba en el diario algo parecido a esto:

“…el artesano que toma medidas y regala ataúdes huecos para que otros los llenen con sus sueños. Piratas, todos ellos que buscando una estrella en el cielo encontraron huesos y decidieron tallarlos, celebrando que ellos son… Y que ellos fueron.”

 -De lo más excéntrico… – pensó divertido mientras pasaba con cuidado las páginas del cuaderno, deteniéndose de cuando en cuando para leer algún pasaje que destacaba por alguna variación en la llamativa caligrafía del autor.

“…todos tienen algún párrafo en este epitafio, escrito en yeso blando, ocultando tras de sí el cadáver de algún creador que se encontró con la vergüenza y por pensar en si la merecía: acabo callando.”

Había estudiado a este hombre durante cuatro años. En las vitrinas del estudio atesoraba originales, cuadernos de bocetos, notas e incluso algunos útiles artísticos ahora inservibles por el deterioro, pero valiosos más allá de su estado actual. Estaba casi seguro de que podría relacionar cualquier reflexión que leyese con alguna de las etapas de aquella atormentada vida.

Probablemente lo que más le llamaba la atención de su escritura era su tendencia al desprecio hacia “ellos”. Una figura terciaria de su narrativa, en apariencia ajena, pero que realmente no suponía más que un reflejo de todo lo que detestaba de sí mismo. Solo podía imaginar lo difícil que debía de ser cargar con el peso de las acciones inherentes de su profesión. El hecho de que consiguiera canalizarlo todo en un impulso creativo era cuanto menos, admirable.

A pesar de todo, dentro de su frialdad había citas que despuntaban como lágrimas de luz entre la desidia; mantras de algún tipo que ocupaban páginas enteras,  adornados con apurados garabatos, consejos pensados para no volver a ser leídos:

“Así es la historia entre las dudas y las deudas. Unas son tuyas, quizás… Decide cuales y paga por las dos. Por si acaso. Por si vuelven…”

“Cierra la puerta al salir. Descálzate al entrar. Recoge en tus plantas la mugre del parqué y sacúdete antes de acostarte. Y para un segundo de vez en cuando. Mira a ese punto cómodo que en la oscuridad libera tu mirada. Localízate.”

Sin embargo, su cita favorita se escondía sobria en el margen izquierdo de una página cualquiera:

“Pero no intentes preguntarme. No seré yo el que te ayude a hundirte en tu propia mierda. La miseria se la gana uno como puede. Ahora, vete a tomar por culo y deja de cotillearme después de muerto, jodido imbécil.”

Siempre la dejaba para el final, la última antes de cerrar el cuaderno y guardarlo en la gaveta del escritorio. La última antes de dormir, como un premio póstumo cargado de ironía. Seguro que le divertiría…

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04/noviembre/18

Escribir me hace sentir mejor.

Pensaba que era sólo un tópico. Odio los tópicos. Hasta que me identifico con ellos. Entonces me odio a mi mismo. Pero lo supero: es solo una pataleta.

Siento que la mayoría de estos textos dan frío, porque la verdad están muy polarizados.

Pero es que escribir para sentirse mejor requiere de forma implícita no sentirse suficientemente “bien” como para no necesitar sentirse “mejor”. Y cuando me siento bien, suelo enfocar  mi estado anímico en mayor medida hacia otros ámbitos. No soy desgraciado, para nada. Pero como todos, tenemos nuestras bajadas.

Lo importante es nunca dejar de preguntarse. Y tomar prestado un poco de calor de vez en cuando.

Te quiero pero

Mientras me deshago ante la incertidumbre de tus besos,
tu lames las lágrimas de mis mejillas y me repites mis virtudes.
Me dices que me quieres,
que me amas,
y te creo,
de veras.

Pero todo lo que hubo antes del pero se disfraza de ilusión,
y me cuesta creerme cuando me miro en el espejo y me digo
que el mero hecho de haberlo vivido es suficiente recompensa.

Hoy voy vestido de príncipe azul frustrado,
ese que perdió la fe en su desinterés
y que vive de memorias
porque se ha quedado cojo de princesa.

Aquí no hay ni malos ni buenos…
Solo dos cuerpos esperando el primer haz de realidad.

Lugar

Una cabaña añil con adornos de madera de deriva en la entrada y conchas en las ventanas. Una colina llena de verde, moteada de los distintos colores de las flores silvestres. En los destellos de la fina hierba se dibujan los caprichosos patrones de la brisa marina y no hacen falta caracolas para escuchar los murmullos de las olas…

Huele a bienestar, y a salitre. El tacto del sol es cariñoso y las nubes hacen compañía a la primavera constante del paisaje. Porque un día sin nubes es un día solitario, angustia. Porque aunque el faro ya no tenga utilidad, siempre queda una cabaña añil, con adornos de madera.

Jaque

Rompiste entre mis filas y te coronaste: Reina de Dudas.
Porque en el tablero ocre de nuestro ajedrez
los peones que ahora miras desde arriba
son las púas que se me clavan a cada paso;
alfiles, alfileres y torres de mármol entre las costuras
de tus andares sobre horizontes verticales y los míos,
ligeramente torcidos.

Deberíamos haber abrazado la ironía y haber jugado a las Damas…

Forelsket

Su nombre es del color del cuarzo viejo, pero su mirada…

Su mirada pasa, pasajera, entre hojas y ojos del inmenso bosque del gentío;
y pese a su temeridad, persiste, nítida, en las pupilas del atento y
la memoria del distraído.

La estela de su voz se hunde en la carne, pero su aroma…

Su aroma no importa, uno podría vivir de sus melodiosas carcajadas y
aún le sobrarían sonrisas con las que adornar el cielo por las noches.

Como tampoco parece importar nada cuando se aparece en sueños para recordarte que sigue viviendo ahí. Ni cuando parece insinuarte las consecuencias de su presencia en cada lúcida reunión cuya intensidad crece…

… para luego ser interrumpidas por un chasquido al cerrar la boca y despegar la cara de la humedad de la almohada.

Ay…

Volvemos a las andadas, pero ahora andamos distinto.


Últimamente parezco un motor que se cala antes de entrar a la autopista. Pero es divertido, incluso excitante.

Forelsket (Norwegian): the euphoric feeling at the beginning of love. We can’t believe someone so perfect has wandered into our lives. They enhance and complete us. We might report: ‘I was overpowered by forelsket as our fingers enlaced…’

Pues algo así, pero visto en perspectiva.